No es un cupcake, ni tampoco una simple galleta. Es… una fantasía de mantequilla y azúcar. El producto de trasladar el arte y la imaginación al mundo de la repostería.
Siempre me ha gustado dibujar, tengo cierto talento para hacerlo. Plasmar en un lienzo cosas bonitas, y darles color. Así que hacerlo sobre una galleta en lugar de un papel, y con manga pastelera en lugar de lápiz o pincel, es una forma de expresión artística que sin duda voy a cultivar a partir de ya!
El pasado lunes acudí a un taller de galletas que me encantó. He de reconocer que de decoración de galletas tenía nivel cero, pero de ese nivel parten sus cursos básicos. Y lo que uno acaba consiguiendo hacer después de tres horas intensas de trabajo y disfrute, es algo que a cuesta bastante llegar a creer, es impresionante!
Había visto miles de veces en otros blogs, como el de Marina Blaukitchen, verdaderas maravillas comestibles. Galletas decoradas según la circunstancia, el tiempo o estación, tartas de fondant para cumpleaños de princesas. Lo que no imaginaba es que algo así iba a estar al alcance de mi mano. Que iba a ser capaz de dibujar una niña con un vestido rosa sobre una galleta de mantequilla.
El curso lo impartió una de las mejores cake designer actual; Mar Dulce.
Nos citamos a las 10 de la mañana y allí estaban ya mis compañeros de aventura. Tras las presentaciones, enseguida nos pusimos manos a la obra.
Mar nos explica los materiales que vamos a necesitar, nos habla de como deben de ser las galletas, su masa especialmente húmeda, que dura dos meses. Y de la glasa, de cómo se elabora de cómo se conserva, cómo se tiñe y de qué forma se reserva en la manga pastelera.
Unas nociones básicas antes de empezar a hacer dibujitos sobre las galletas, que en este momento aun se me antoja imposible.
No solo Mar Dulce es una gran creadora, sino que es una muy buena profesora, conecta con nosotros rápidamente, se explica de forma clara, ordenada, impecable. Nos coloca unos tapetes rojos sobre los que vamos a empezar a hacer trazos con la manga y una boquilla muy fina, de izquierda a derecha, como si estuviéramos aprendiendo a escribir. Y luego en zigzag… como los cuadernos de preescritura de Lamela. Poco a poco vamos cogiendo destreza. Hasta que finalmente abordamos las galletas!!!
Me estoy empezando a creer capaz de conseguir hacer algo decente, y sólo llevo una hora en Azúcar y Vainilla. Atenta a que el curso se desarrolle con éxito, va y viene, atiende al teléfono; oigo una señora que acaba de entrar y le pregunta por el fondant; ella explica y le asesora. Llegan otro par y curiosean por las estanterías, nos miran, yo creo que con envidia….
El motivo de decoración de hoy es San Valentín. Por eso estamos haciendo galletas de color rosa y rojo, con corazones, pero son chulísimas, nada de cursiladas….. Una corona de reina de corazones, unos labios para dar besos cualquier día del año…. y una niña muy presumida que espera quizá que le regalen bombones.
Mientras trabajamos y escuchamos a Mar, oímos música, es muy agradable. Luego llega el café y unas ricas pastas de arándanos. Mientras se va secando la glasa para poder seguir trabajando.
No sé si habréis oído hablar de la cromoterapia. Yo no tengo mucha idea, pero debe de tratar sobre los efectos beneficiosos que el color ejerce sobre nosotros. Decorar galletas hace que me sienta feliz. Jugar con los colores como cuando íbamos al cole. Dibujarle el collarcito a una muñeca… yo lo hacía de pequeña!
Mar lo va haciendo a la vez que nosotras, es genial verla trabajar. Resulta más fácil cuando se trata de imitar. Y siendo tan poquitas es una ventaja que cada duda, cada incidente con la decoración y el arte de manejar la manga tengan una respuesta y una solución inmediata.
Voy avanzando poco a poco. Es preferible dejar secar más la glasa que va bajo las decoraciones pero en un taller como éste, intensivo, tenemos que pasar por alto este detalle y seguir avanzando. En casa lo haremos como Dios manda.
La cara de la niña la hemos hecho con pasta de goma, es otra técnica. Me encanta el resultado. Voy tomando buena nota de todo, aunque sé que María va a estar ahí todos los días de la semana, ya sea en la tienda o por teléfono para cualquier cosa que me surja cuando lo intente en casa.
Vamos acabando todas hasta que queda decorada la última de las galletas, y con pena. El tiempo ha pasado volando, no recuerdo tres horas más cortas en mi vida. Ni más provechosas.
Me levanto, he acabado, y voy a echar un vistazo a las estantería de Azúcar y Vainilla. Mi vista no puede abarcarlo todo. Hay cosas tan bonitas!!
Solo falta la foto de familia, nos hacemos un montón, con María, con Mar, con los diplomas… Os dejo ésta en la que salimos todas muy guapas, orgullosas de haber aprendido a decorar galletas con glasa y que queden perfectas.