No es necesario pisar el suelo del mejor restaurante del mundo para disfrutar de un menú de gran altura. Las mejores materias primas, el aderezo de la imaginación increíble de un gran chef, colores y sabores componiendo mágicos escenarios comestibles…. justifican sobradamente su estrella Michelín.
Esto es lo que nos espera en el Restaurante Kokotxa, que viene a poner un contrapunto contemporáneo y minimalista ante la imponente Basílica de Santa María del Coro; una impresionante obra barroca del signo XVIII que preside la calle Mayor en plena Parte Vieja donostiarra. Arquitectura de piedra y de mantel se dan la mano en este emblemático rincón de la bella Donostia.
Un lugar que nunca falla y del que siempre vamos a salir satisfechos. La primera vez que lo visité fue hace ahora cuatro años, en mi cumpleaños, y la última hace unos meses, invitados por unos buenos amigos de San Sebastián que se adivinan tímidamente a la izquierda de esta imagen.
La oferta del Restaurante Kokotxa es de lo más atractiva, renuncio a ojear la carta porque quisiera probarlo todo así que opto por la opción fácil… El menú degustación.
Y comenzamos con el Aperitivo:
“Capuccino de cebolla y queso con galleta oreo de aceituna y crema de anchoa“. A modo de play food; comida que parece lo que no es, un concepto que me divierte enormemente . Me tomo el falso capuccino y me encanta, pero no sé si tanto como la oreo, que según me la tomo la voy diseccionando con el paladar con el ánimo de tratar de reproducirla en casa. Ya tengo deberes y entretenimiento!
Sorprende la fuerza visual de este plato el “Tartar de atún rojo, crema de ajos negros y helado de verduras escabechadas“. El tartar para echarse a llorar y el helado sorprendente, distinto. Nos encanta a todos.
“Moluscos de las Rias Baixas lemon gras, hinojo y aire de mar“. Muy aromático, delicado, etéreo, fugaz. Un plato breve, que dura más en la memoria que en la boca porque deja huella, recuerdos a paseos, por la playa, o por el muelle.
“Buey de mar al natural con cubo de sopa de ajo y zurrukutuna de su coral“. Muy bien venido, me había quedado con ganas de más sabor a roca, a salitre, a olas rompiendo en el espigón del Kursaal. El cubo de sopa con la flor del ajo, super aromática, es una composición que me recuerda a ese lugar. La zurrukutuna es una sopa de pescado y ajo, en ese caso de coral. Huelo la flor. Definitivamente no es una flor para regalar.
Este plato tan precioso contiene el “Pescado del día con gazpachuelo y ñoquis de remolacha“, voy tomando nota, porque el gazpachuelo forma un estanque floral que no puedo dejar de mirar, antes de sumergir la cuchara y hacerlo desaparecer para siempre, tengo que memorizarlo para recrearlo algún día.
Llegado este momento nos ofrecen bien dos opciones de carne, descarto el pichón y me decido por el el corzo; “Corzo, cereales y salsa de macadamia“. Me gusta, me gusta mucho. Pero temo no llegar en buena disposición a los postres porque la cena está siendo muy completa y apenas tengo ya hambre, sin embargo lo que nos espera es tan bello como ligero e irresistible. Todo está calculado.
Este es el “Terciopelo de zanahoria, naranja y crumble cítrico“. Rebaño el plato una y otra vez como si a base de frotar el bol con la cuchara fuera a salir un genio mágico que me concediera el deseo de que el plato se llenara de nuevo, pero nada de ésto va a ocurrir.
Es su lugar se me aparece un “Micuit de chocolate con crema helada de plátano” que parece haber salido de alguno de mis sueños gastronómicos. Si, a veces sueño con comida. Se llama micuit en recuerdo al foie, llega también en un bloc con forma cúbica, escamas de sal (yo también se las pongo al foie) y pepitas de oro comestible, que son de chocolate. Un divertimento dulce con el que ponemos punto y final a la velada.
Daniel, el creador de semejante secuencia de escenas dulces y saladas, entra en la sala para saludarnos. Iñaki nos toma esta foto. A Iñaki le gustan las fotos arriesgadas, yo le veo levantar la cámara por encima de su cabeza y pienso adiós! pero luego veo que tiene razón, que es una foto preciosa y que, como ha hecho siempre, me ha retratado muy bien junto con mi Chef.
Me gusta el Restaurante Kokotxa porque se puede acceder a pie, paseando desde la playa, o desde el Bulevard, y está muy bien situado para tomar una copa después. Quizá por ese conjunto de cosas que le preceden y le siguen hace que la experiencia de la cena sea completa y redonda.
Un lugar preeminente en mi agenda, al que no tardaré en regresar.