Hemos pasado el fin de semana conociendo la comarca de Uribe en la costa de Bizcaia. Verdes prados, increíbles acantilados, playas de postal, viñedos de txakoli, viejos molinos de piedra que después de 300 años siguen moliendo maíz tostado, y un clima que no pudo ser más agradable para la estación en la que estamos.
La experiencia no podía completarse sin tomar el pulso a la gastronomía del lugar. Así que probamos de todo un poco; una buena alubiada en el Restaurante Aurrekoetxe en Mungia, una cena que me encantó por la calidad de su producto en el Restaurante Begoña de Gorliz, y como colofón una visita al Prêt à porter de Eneko Atxa que aun no conocía.
Este restaurante que atiende al concepto de Bistró con menús fijos que se van cambiando a diario, fue premiado con la distinción Bib Gourmand por la Guía Michelín en 2013.
Se trata de un formato casual, con una cocina de producto que presta especial atención a la estética en los emplatados. El menú cuesta 35 euros más IVA, bebidas a parte y ocupa un lugar estratégico, muy cerca del aeropuerto de Loiu (Bilbao).
La imagen de la sala y el complejo guarda perfecta sintonía con la de su hermano mayor; el Restaurante gastronómico de Eneko Atxa también llamado Azurmendi, y que ostenta en este momento 3 estrellas Michelín y se encuentra a pocos metros del Prêt à porter.
Minimalista, sobrio y con abundacia de la madera y los tonos tierra en su decoración.
El menú del domingo 26 comenzaba con un trampantojo que me gustó por el concepto, muy de la tierra. Sobre una cama de alubias un talo de txistorra que en realidad parece una empanadilla. Eneko decidió desvelar el misterio ya desde el nombre del plato que bien podía haber llamado “las empanadillas de mi abuela” pues figuraba en la carta como “Talo de harina de maíz y txistorra”.
Le siguió la “Ensalada de foie” muy colorista y con elementos de temporada como la manzana en forma de compota que aparecía por debajo y el membrillo presentado en lingotes. El chocolate y la frambuesa no aportaban mucho bajo mi punto de vista más allá que la pura estética. En cualquier caso muy rico.
Esta es la “Brandada de bacalao crocante y su caldo meloso”. Muy buen plato en presentación, en sabor, en texturas… delicioso el caldo que apenas se percibe en la foto y que va por debajo.
Le sigue la “Merluza a la plancha, alcachofas y zanahoria”. Lleva además unos puntos de calabaza. Un plato sencillo pero muy estético, que entra por los ojos y con producto de temporada. La merluza para mi gusto un poco por encima del punto al que estoy habituada.
“Terrina de rabo, duxell y su jugo”. Un plato que según llega a la mesa se confunde con un postre a modo de trocitos de brownie salseados con caramelo, pero que resulta ser un plato salado; el plato principal de carne con su jugo y una duxell; mantequilla, setas y chalota. Si he de lamentar algo al respecto es no haber contado con algo más de salsa.
El momento de los postres es divertido. Nos invitan a levantarnos y elegir entre nueve distintos. También estos postres van cambiando semanalmente.
Yo me decanté por el “Falso huevo”, consistente en una mousse de queso Idiazabal sobre galleta bretona y el membrillo a modo de yema. Un postre con elementos tradicionales que me llamó la atención por encima de los demás y con el que creo que acerté.
Tras el postre en el restaurante Azurmendi Prêt à porter nos invitan a pasar a otra edificación anexa pensada para tomar el café y disfrutar de una tertulia sin prisa en cómodos sofás.
No pudimos disfrutarlo, ya que habíamos empleado bastante tiempo visitando el huerto de Eneko Atxa antes de la comida, visita que recomiendo absolutamente. Se encuentra en el exterior del restaurante gastronómico y es digno de ver. Al mismo tiempo es obligado contemplar el edificio mismo; un edificio sostenible diseñado por la aquitecta Naia Eguino en el que es posible plantar, recoger agua para el riego y captar el sol para general electricidad. Es por ello que este restaurante ha obtenido el premio a la sostenibilidad en 2.104 por la prestigiosa revista 50 Best.
Beatriz Tobegourmet.