No recuerdo el día que descubrí el chocolate en gotas de color rosa y con sabor a fresa, pero desde entonces llevo pensando en hacer estos pastelitos de chocolate y fresa.
Los imaginé como pequeños bizcochos, cuadrados, de cacao, y rellenos de una crema de merengue. Los dibujé, pensé en ellos varios meses, y por fin encontré el momento ponerme manos a la obra.
Se pueden servir tras una comida o una cena como “petits fours”. Los Petit Fours son pequeños bocados dulces que se sirven para acompañar el café, suelen ser de reducido tamaño y se presentan con una decoración muy cuidada.
Su origen lo encontramos en la cocina francesa. Significa literalmente “pequeño horno”, pero en realidad viene a significar horno lento… una expresión similar a nuestro “a fuego lento”. Y ello porque los pasteleros los empezaron a crear horneando pequeñas pastas, o bizcochitos usando el calor remanente del horno después de haberlo apagado.
Yo suelo hacerlos también de esa manera… normalmente tras hornear un bizcocho para una tarta, Cuando se ofrecen petits fours, se hacen variados, a mí me gusta combinar al menos dos o tres. Estos bizcochitos admiten perfectamente la congelación. No es necesario prepararlos expresamente para una comida o una cena, aunque sí será necesario completar su elaboración en el día, en éste caso con la cobertura recién hecha.
En los restaurantes de cierto nivel son ya un imprescindible. A veces es una lástima porque no consigo apreciarlos. Llegan después de una copiosa cena con dos postres y un pre-postre. Quien piense que en estos sitios donde se come muy pequeñito y muy vanguardista uno acaba con hambre, está muy pero que muy equivocado.
Ciertamente invitan a la tertulia, pues en torno a esta delicia de pastelitos lo que procede es hacer tiempo charlando de lo uno y lo otro hasta que de nuevo apetezca seguir comiendo.
Bizcocho: Nos sirve cualquier bizcocho de chocolate, el que mejor os salga o el que más os apetezca, yo utilicé una receta a base de chocolate en polvo, huevos, mantequilla y harina que podeís ver AQUI.
Empleé un molde de Lekue de silicona que tiene esas formas pequeñas ideales para este tipo de pastelitos. Luego preparé un merengue con mantequilla cuyo sabor y textura me encanta y los rellené insertando en la parte de abajo una boquilla de Wilton del nº 230, es especial para estas cosas, y con la ayuda de la manga pastelera. AQUI tenéis la receta de la crema.
A continuación fundimos las gotas de chocolate de fresa ( las venden en tiendas de material de repostería ) en un cazo a fuego muy lento, con un poco de nata líquida, y procurando que no supere los 30º de temperatura. Yo tengo un truco para bajarla cuando veo que se calienta en exceso… añadir más gotas de chocolate.. eso enfría la mezcla. La cantidad de nata varía en función de la cantidad de chocolate, pongamos que represente un 30%. Pero va a depender de lo espesa o suave que deseéis la cobertura.
Ya solo queda aplicar el chocolate sobre los pastelitos como si cubriéramos una tarta. Con cuidado y con tranquilidad. Luego los dejaremos enfriar para que la cobertura endurezca, y un poco antes aplicaremos los crocs de azúcar plateado para darles el toque final.