Os traigo el bizcocho más elegante del mundo. Para mí el bizcocho perfecto. Es de chocolate, super sabroso, húmedo y esponjoso. Lo he rellenado de uva tinta, y lo he cubierto de copos de oro comestible. Es muy fácil de hacer con sólo seguir unos sencillos pasos. Siempre sale bien.
El molde lo compré en Comercial Minguez en Madrid, me recuerda al de los panettones, y es muy cómodo porque además desechable es muy vistoso, con lo que me parece una idea estupenda para regalar.
El toque del oro comestible sin duda es un plus, y convierte lo que sería un vulgar bizcocho de chocolate en algo mucho más especial. Estos pequeños copos me los envió Mamen de Oro Gourmet para juguetear con ellos en la cocina. También tienen láminas de oro, que son algo más complicadas de manejar pero que nos pueden dar mucho juego; como podeis ver en este post que publiqué hace algún tiempo.
Ingredientes:
– 4 huevos.
– 250 g de azúcar.
– 250 g de harina.
– 250 g de chocolate en polvo Valor.
– 1 sobre de levadura Royal.
– 250 mantequilla blandita.
– 200 g de nata líquida 18% mg.
– Un puñado de uva tinta.
Preparación: mezclamos primero los huevos con el azúcar, luego añadimos la mantequilla y volvemos a mezclar. A continuación vamos incorporando poco a poco, en veces, para que sea más fácil de manejar, la harina, el cacao, y la levadura. Finalmente lo batimos con la nata y lo vertemos en el molde. Si tenéis Thermomix, lo haréis con gran comodidad en vel. 3/4.
Dejamos reposar la mezcla dentro del molde de papel del que antes os he hablado, es muy duro y resistente, una maravilla para trabajar.
Seleccionamos unas cuantas uvas, yo he usado tintas porque están de temporada, retiramos las pepitas y las rebozamos de harina, para que al ponerlas en el molde con la mezcla de chocolate no se vayan todas al fondo y nos las encontremos de vez en cuando dentro del bizcocho.
Lo horneamos a 180º unos 45 minutos, o hasta que la aguja salga limpia y lo dejamos enfriar antes de adornarlo con el oro.
Los granos de uva tinta se confunden con el propio chocolate así, si no decís nada, es una sorpresa dulce y húmeda en el paladar. Recomiendo que si lo vais a servir en casa, en una merienda o desayuno, lo mostréis primero y luego lo retiréis para emplatar; pues queda más lucido si volvemos a espolvorear un poco de oro y al tiempo lo acompañamos con estos chocolates dorados, que podéis encontrar en tiendas especializadas en repostería.
Me parece una opción perfecta también para ofrecer en Navidad, en esos días que se queda con los amigos para tomar en casa una copa de champagne. Qué mejor que con algo dulce y dorado! Entonces las uvas blancas serán sin duda la mejor de las compañías para este exquisito bizcocho de chocolate y oro.