Más de una vez he oído aquello de tomarse unas vacaciones “para descansar de las vacaciones”. Y es que el entusiasmo turístico a veces nos lleva a planificar días de descanso que en realidad son terribles maratones culturales y de ocio. Con las fiestas navideñas ocurre también un poco.
Localizar regalos, cocinar en Nochebuena o Navidad, recibir en casa, atender invitados y ser el anfitrión perfecto nos puede llevar a la extenuación.
Cada vez son más quienes aprovechan los últimos días del año para tomarse un verdadero descanso. Para celebrar la entrada del nuevo año lejos de la rutina pero en un lugar amable, con encanto, con tradición e historia, donde el relax está asegurado al igual que las buenas viandas y el estilo de vida saludable.
Hace bien poco tuve la oportunidad de conocer, a propósito de la presentación de mi libro “Estilo en tu mesa”, el Gran Hotel Las Caldas; un lugar apasionante por su origen, su trayectoria, su bellísima y estratégica localización al lado de la elegante ciudad de Oviedo, en un entorno verde, con sendas para pasear, montañas, iglesias románicas, playas y buenos restaurantes.
Un lugar del que constan escritos que se remontan al siglo XVII, y que se refieren a un manantial cuyos baños son “de gran eficacia”. Un enclave que fue tomando importancia a lo largo del siglo XIX con la construcción de el Gran Hotel, el Salón de los Espejos, espectacular, donde ahora se sirven desayunos que saben a gloria, y la emblemática pasarela de hierro; que comunica las termas de la casa de baños con el edificio principal, que en Navidad luce adornado con decenas de lucecitas que lo convierten en puente casi mágico para pasar de un lugar a otro.
Con el paso de los años este complejo se ha modernizado y se ha convertido en un balneario de referencia a nivel nacional que destaca por la convivencia pacífica y perfectamente integrada de dos ambientes muy distintos; un estilo clásico, elegante, casi regio, y un aire modero, vanguardista y con cierta sofisticación.
Un lugar ideal para viajar al pasado y retornar al presente, asomándonos incluso al futuro, con tan sólo caminar unos pasos entre pasillos silenciosos y estancias que salen a nuestro encuentro al desplazarnos de un lugar a otro de la Villa Termal.
La jornada puede empezar con un tranquilo paseo por los preciosos jardines del balneario tras el desayuno en el emblemático Salón de los Espejos, cuyos croissants, creedme son como los de la mejor boulangerie de París. En la cocina del Gran hotel Las Caldas se elaboran diariamente, igual que los bizcochos e incluso los mazapanes. Un lujo.
El Centro Termal “El Manantial”, está situado en la antigua Casa de Baños que data de 1776. A través de espacios abovedados se accede a las saunas, el baño turco, piscinas de diferentes temperaturas de aguas mineromedicinales, y a la sala de relajación. Unas instalaciones que conservan el sabor de lo original y lo auténtico.
A través de un cristal de gran grosor se puede, en uno de los pasajes, observar las rocas de donde surgen estas aguas dotadas de propiedades.
Bañeras de burbujas, zonas de contrastes, en un escenario único por los siglos de historia que le preceden, pero que ha sido renovado haciéndolo compatible con las comodidad que se se espera de un espacio de lujo y relax en pleno siglo XXI.
Se conservan algunas bañeras originales, que son tesoros difíciles de encontrar en otros balnearios. Piezas auténticas de incalculable valor, con cuya contemplación podemos retrotraernos a tiempos pasados e imaginar cómo era antaño esta maravillosa Casa de Baños.
El labérintico circuito hace que perdamos la noción del tiempo y el espacio, desconectando por completo con la realidad exterior. Esta forma singular se ha hecho para respetar al máximo las estancias originales de este lugar único.
Disfutrar de las aguas y relajarse después en las tumbonas dispuestas en las diferentes zonas del recorrido de El Manantial. La piscina superior con vistas a la montaña, y a los jardines donde podemos detenernos como el tiempo, sin pensar en nada concreto, disfrutando del momento, antes de acceder a la imponente Sala de Columnas y completar posteriormente la mañana con algún tratamiento estético o de relajación.
La Sala de Columnas es una experiencia única, un verdadero capricho. Ya sólo la estancia es muy especial, con su arquitectura, su rosetón… la luz cálida de su interior. Un espacio privado reservado a muy pocas personas. Se trata de un piscina de flotación, donde podemos recrear la sensación que se puede experimentar en las aguas del mar muerto.
En torno a esta sala, a la que se accede a través de un pediluvio, se encuentra una terma romana, un jacuzzi y una sala de relajación donde se pueden tomar sesiones de oxigenoterapia tras finalizar el circuito.
En el balneario disponen de una amplia carta de tratamientos corporales y de programas de salud, bienestar y belleza. Masajes relajantes o terapéuticos, o tratamientos; con té verde, con cítricos, con uva, con rosa mosqueta… drenantes, iluminadores, antioxidantes, regenerantes.
Una escapada ésta sin duda con un objetivo claro; salud y descanso.
O incluso más aun! Porque La Caldas ofrece un programa Detox; algo único y sin precedentes en este tipo de establecimientos concebidos para desconectar y a la vez cuidarse. Un programa personalizado que incluye diferentes tratamientos, ejercicios y cuidados, diseñados a medida tras un exhaustivo chequeo médico, y que se acompaña de una alimentación ecológica y específica para cada persona. Una experiencia que nos devuelve a la realidad en unos días, como si hubiéramos retrocedido varios años en el tiempo.
Sea cual sea el propósito de nuestra de estancia en Las Caldas, comer en el balneario es una opción perfecta, salvo que queramos acercarnos a la ciudad de Oviedo, a tan sólo diez minutos, y aprovechar para ver su fabulosa catedral, su coqueto casco antiguo, aunque eso también lo podemos dejar para la tarde y degustar en el restaurante del Hotel Las Caldas propuestas tan suculentas como estos tacos de salmón marinado con espuma de cítricos.
O las gyosas con alga wakame y Sichimi. Aunque hay por supuesto opciones más tradicionales, el restaurante no es ajeno a las nuevas tendencias en cocina y está a la altura de los huéspedes más exigentes con una oferta de vanguardia que puede competir perfectamente con la de cualquier restaurante gastronómico de cierto nivel.
El chef Ricardo Moreno ese el responsable de la cocina que se sirve en el Gran Hotel Las Caldas. Y fue fantástico poder conversar con él, compartir ideas, aprender cosas, e incluso llevarme el secreto de la fantástica salsa de las gyosas y algunos consejos para poder aplicar su ingrediente estrella en otras elaboraciones. Se interesó por nuestro libro, al fin y al cabo la razón de que estuviera esa tarde por allí, y nos hicimos una foto para el recuerdo.
Al caer la tarde es perfecto completar el día con una visita a Aquaxana. Una zona independiente de la Casa de Baños que ofrece la posibilidad de disfrutar del agua de una forma diferente.
Una construcción que asoma sobre una pequeña colina pero que surge a la vez de su interior. Bajo el manto de césped que vemos se encuentra la “piscina de la cúpula”, basada en el Panteón de Agripa y que ofrece diferentes zonas de hidroterápia, música ambiental y la posibilidad de comtemplar desde el mismo agua un espectáculo de luz y sonido formando parte del mismo.
Desde esta piscina se accede a otras zonas con camas de burbujas y una piscina exterior climatizada durante todo el año.
Disfrutar de este área en horario nocturno es toda una experiencia que puedo contar en primera persona. Resulta un privilegio en pleno mes de diciembre, nadar desde el magnífico interior de Aquaxana hasta alcanzar la zona descubierta y seguir haciéndolo bajo las estrellas.
La noche del catorce de diciembre no hacía demasiado frío, quizá en ese momento doce grados, pero el agua estaba apetecible y la sensación era fantástica. Dicen que si está lloviendo la experiencia es aun más increíble, y no me choca.
Hace un par de años en pleno invierno lo experimenté en la montaña, en un hotel fantástico que tenía una piscina exterior donde nos bañamos mientras nevaba. Contemplando el vapor que desprendía el agua en que nos encontrábamos por el contraste con el aire, mientras los copos caían sobre nuestras cabezas. No teníamos más que sumergirnos de nuevo para volver a salir con el rostro limpio.
Quizá penséis quedaros en vuestra misma ciudad estos días de fin de año o de reyes, o quizá estéis pensando en desplazaros en busca de una experiencia única para despedir el año, o poner punto final a las fiestas.
En el último de los casos Asturias puede ser, igual que lo es en otras épocas del año, el destino perfecto, y la estancia en Las Caldas Villa Termal el broche de oro para cerrar un año, o la mejor manera de empezar el nuevo.
De cualquier forma sed felices, cuidaros, mimaros y daros un capricho! Hay cosas que vale la pena vivir aunque sea una vez en la vida…